Esta tarde he vuelto a escuchar a Polar. Un grupo preciosista y menor por vocación propia, de esos que hacen que la melancolía estalle en olas suaves limando las aristas más punzantes del día.
Iba a escribir un posteo sarcástico sobre el musical de los 40 Principales, pero se me han quitado las ganas. Si os atrevéis, acercaos por la Gran Vía y descubridlo por vosotros mismos... sólo un apunte: esa obra es a la historia de las artes escénicas lo que la filmografía de Ed Wood al del Séptimo Arte. Vamos, parece una representación de fin de curso de los alumnos del colegio salesiano de Atocha, escrita por un guionista puesto de ácido en medio de un Sex Shop de la calle Montera...
Nunca escucharé a Polar en los 40, aunque los 40 me llevaron a Polar. Curiosa paradoja...
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